La progresiva retirada en la Unión Europea de materias activas eficaces hace que los productores tengan que afrontar mayores riesgos en su actividad, como por ejemplo la resistencia desarrollada por insectos plaga como el pulgón a las soluciones fitosanitarias autorizadas.
En los sistemas de producción convencional integrada, se combina el control biológico con los tratamientos fitosanitarios.
La realidad es que cuando las condiciones climáticas son favorables para el desarrollo del insecto, resulta complicado mantener las poblaciones en niveles adecuados sólo con control biológico.
El peligro que representa esta posible falta de protección ante plagas importantes en la agricultura protegida puede llegar a originar reducciones importantes en la producción y un desabastecimiento en los mercados. Semanas atrás han sido noticia las medidas de restricciones al consumo adoptadas por cadenas de supermercados a causa del desabastecimiento.
Esta pérdida de rendimiento unido al incremento de costes de producción asfixiaría al sector productor, que verá difícil recuperar su inversión.
Los organismos públicos de sanidad vegetal defienden el uso de insectos auxiliares frente a las principales plagas, con la ayuda de plantas reservorio, y sostienen que constituyen la opción más económica frente a la lucha contra plagas y enfermedades. Recomiendan la siembra de plantas reservorio en el interior de las estructuras de protección, como mínimo un mes antes de la plantación del cultivo, ya que ofrecen un recurso alimenticio alternativo y refugios en las épocas adversas a la fauna beneficiosa.
El éxito del control biológico depende, además, de la adopción de ciertas medidas relativas a la estructura del invernadero. Las condiciones de aislamiento, como doble puerta y mallas anti-insectos (enlace a la categoría) adecuadas, impiden la entrada de insectos plaga y de vectores de enfermedades.

Fuente: https://www.phytoma.com