Las mallas anti-insectos son un método físico de protección de cultivos cuyo uso se ha extendido por muchas áreas del mundo durante las últimas décadas. Estas barreras físicas textiles comenzaron a utilizarse hace algunas décadas con el objetivo de evitar los daños producidos por los pájaros y proteger a las plantas de los fuertes vientos. En aquel entonces se trataba de mallas muy poco densas que contaban con pocos hilos por unidad de longitud en cada una de las direcciones principales del tejido. Pronto se advirtió su potencial como método de control de plagas y comenzaron a fabricarse mallas más densas que dieron excelentes resultados impidiendo o reduciendo el acceso de los insectos a las plantas.
El problema es complejo porque no basta con fabricar una malla con poros diminutos por los que no puedan pasar los insectos plaga. A medida, que se reduce el tamaño de los poros también se produce una disminución de la porosidad del tejido lo cual dificulta la renovación de aire en el entorno de la planta y esta situación acarrea algunos inconvenientes. Por tanto, el tamaño de los poros debe optimizarse según la especie que se quiera combatir.

Fig. 1. Individuo adulto de Frankliniella occidentalis sobre malla anti-insectos.
Según lo anterior, las mallas anti-insectos deben diseñarse teniendo en cuenta la plaga (Bemisia tabaci, Drosophila suzukii, Frankliniella occidentalis (Fig. 1), Aphis gossypii, Driocosmus kuriphilus, etc.) contra la que se está luchando y dado que las diferentes plagas tienen morfologías y morfometrías muy distintas, la malla adecuada para cada especie plaga será distinta.
Habitualmente, la dimensión del insecto que se tiene en cuenta para elegir la malla más apropiada es la del tórax (en sección transversal). También, tradicionalmente, se han tomados los valores medios del cuerpo de los insectos para elegir la malla anti-insectos más apropiada. Pero teniendo en cuenta que en las poblaciones de insectos ocurre lo mismo que con las personas (hay personas altas, medianas, bajas, delgadas, etc.) este criterio no es muy afortunado y las últimas tendencias en el diseño están tendiendo al estudio morfométrico de las poblaciones de insectos para tener referencias de tamaños (percentiles) relacionadas con los individuos de menor tamaño.
El problema del tamaño de los insectos presenta dificultades adicionales. Hay que tener en cuenta que, en general, existe una dependencia del tamaño de los insectos con la temperatura. Por eso, a altas temperaturas, los insectos presentan menores tamaños que a temperaturas más bajas. Y, por supuesto, también hay que considerar que, normalmente, las hembras son de mayor tamaño que los machos.
Es importante tener presente que las dimensiones de los poros de las mallas anti-insectos que habitualmente se manejan son valores medios. Por eso es necesario exigirles a los fabricantes parámetros que garanticen la uniformidad de los poros de tal forma que esos valores medios sean representativos de todo el tejido.
Otro aspecto fundamental que debe tenerse en cuenta es que no todas las mallas de una densidad de hilos dada, por ejemplo, 20×10 hilos/cm2, son iguales; siendo éste un error bastante grave y común. Para conocer las dimensiones medias de los poros, el valor de la densidad de hilos debe venir acompañado del grosor de los hilos. Así, es fácil entender que una malla tejida con 20×10 hilos/cm2 y con un hilo grueso (por ejemplo, 0.25 mm) tendrá los poros más pequeños que una malla con la misma densidad de hilos, pero tejida con un hilo más fino (por ejemplo 0.22 mm).

Agradecimientos especiales a Álvarez AJ, Oliva RM de la Universidad de Almería, Dpto. de Ingeniería (Laboratorio de Agrotextiles) por compartir sus conocimientos en este espacio www.greennetsagro.com.